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Zángano

sust. masc.

ilustración: CJ Camba

1.

Una particularidad de los insectos eusociales (véase: sociedad) es la fuerte división en castas. En el pico de la jerarquía de la colmena está ella, “la elegida”: la abeja reina. Por debajo de todo, están las otras, las que llevan los pantalones puestos, las que se ocupan de la supervivencia, el mantenimiento y el crecimiento de la colonia: las obreras. En el medio, para estorbar en el camino, están ellos, que no laburan, que no producen miel ni construyen, que no nada. Lo único que les toca es garchar: los zánganos.
Dispersar esperma para que las reinas puedan reproducirse. O hacer la danza “nupcial” para después morir. Están para eso, para servir a la reina, para “perseguirla” a ella. Las obreras les hacen la casa, los cuidan, los protegen.
Los zánganos nacen por partenogénesis meiótica, es decir de huevos no fecundados (KEEE), y tienen la mitad de cromosomas que las hembras (KEEEE). O sea, la reina remixea sus propios genes para crear seres que la van a fecundar y tener así más hijitas. KEEEEEEE.

2.

El término “zángano” es aplicado metafóricamente a ciertos humanos de sexo masculino ya que se lo considera emblema del parasitismo y la vagancia. Y para peor —oh, ciegos naturalistas, oh, replicadores del patriarcado— hace laburar a las mujeres, cuyo rol, sabemos, es quedarse en casa cuidando a la prole y no salir a buscar el pan.
Según este modelo, el zángano es un perfecto inútil el 99% del tiempo... pero tiene pito (véase: pito). Can’t live with them, can’t live without them.
Oh, fanáticos de la jornada laboral reglamentaria: que un trabajo no sea de 9 a 18 no quiere decir que no sea importante. Los injustos ojos humanos no conciben que la reproducción pueda ser un trabajo tan fundamental para la conservación de la especie como cualquier otro. Quién sabe a qué cráneo se le ocurrió llamar “reina” a la pobre bicha a la que la colonia adjudica la engorrosa tarea de parir (véase: madre). Su harén de machitos comparte este destino.

3.

El único rol de un zángano es ponerla. Es su vocación, su sueño, su función (véase: minitas).
“El zángano sólo quiere garchar y, lo peor de todo, es que quiere garchar CON OTRA”, se sobreidentifican las chicas susceptibles. ¿Acaso las pobres abejas obreras, las sacrificadas hormiguitas recolectoras, no merecen también un poco de amor, o al menos un sacudón de vez en cuando? Porque claro, después de deslomarse todo el día, cansadas, despeinadas, chivadas, sin depilar, ¿cómo se supone que compitan con la Reina?
Oh, muchachas sensibles: tampoco exageremos. Son bichos.

Anarcofashionismo

sust. comp. masc. 

Entre la doctrina política de la desaparición del Estado (y/o de cualquier otro poder) y el sistema de la moda existe una estrecha vinculación, a veces algo paradóijca o controvertida, pero, en todos los casos, liberal. Se trata del anarcofashionismo: una mezcla entre la defensa de las libertades individuales a toda costa y la ausencia radical del cuestionamiento de los sistemas de producción, especialmente en lo que al mundo de las telas, géneros y paños respecta.  

Quien profesa esta tendencia es un sujeto profundamente enojado con la corrupción del sistema político y que va de frente contra el establishment. Por eso no vota ni piensa en votar, en tanto que hacerlo sería algo así como un gesto de pasiva aceptación del monopolio de la fuerza en manos del Estado. 

La controversia empieza cuando este anarca va diluyéndose ante la web de Doctor Marteens y encuentra en oferta unos borcegos de 14.000 ojales. Ahí no hay planteo que valga: ¿fetichismo de la mercancía? ¿plusvalor? ¿reificación? ¿la obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica? ¿derechos laborales violados para que tu par de borcegos en saldo cuesten sólo 20 dólares? ¿que la modelo cocainómana de la gráfica mostrando las tetitas desnutridas es menor de 18? retumban como raros ecos de raros conceptos y sofisticadas palabras.

Y acaso el emprendimiento entre privados que manejan el sistema de la moda no sea mejor que el emprendemiento entre públicos que manejan el sistema partidario, corrupto, coercitivo y violento que te obliga a pagar impuestos para subvencionar transportes contaminantes basados en el carbón. Pero por lo menos, combina mejor los colores, te ofrece bolsas recicladas y tienen esos cositos para atar la bici en la puerta del local. 

Si hay un modus operandi entonces que lo distinga, será el boycott, es decir, la abstención de comprar, de usar,  de consumir algo. Pocas veces este tipo de compromiso político lleva la protesta un poco más al fondo y se pregunta qué tipo de producción genera qué tipo de productos y cómo la producción puede ser regulada -antes que el consumo-, por medio de ese Estado que hace uso y abuso de la fuerza. Pero ya es tarde: a esta altura del planteo prefiere entretenerse comprando sombreros vintage en alguna gran barata de vestuaristas. 
Al final de cuentas,  para el anarcofashionista (como para muchos otros sujetos freídos al calor de su clase) la política es un gesto estético tanto como la moda. Se trata más bien de un estilo.

Marxiano


Sust. masc. (derivado de marciano o de marxista, según quién lo diga)
A modo de ejemplo, reproducimos a continuación un intercambio prototípico entre un marxiano (M) y una persona promedio de clase media, urbana y medio progre  (PPCMUMP) de la humanidad terrestre:


PPCMUMP: Vení, quedate, estamos haciendo una movida.
M: ¿Posta? ¿Por qué?
PPCMUMP: Porque el chabón tomó un texto que no dio, estamos viendo qué escribimos en una nota, para denunciarlo o algo, porque es cualquiera.
M: Si, la Crisis Mundial y la inminente caída del Capitalismo son la causa de los desastres económicos y sociales, pero la Clase Burguesa garantiza su subsistencia  y hace que la Crisis recaiga siempre sobre los Trabajadores.
PPCMUMP: Si es verdad... ¿Pero qué tiene que ver?
M: ¿Cómo qué tiene que ver? Desaprobar a cientos de Estudiantes es uno de los Mecanismos Expulsivos que hacen que los Trabajadores, que tienen menos estabilidad y menos posibilidades de sostener los estudios, terminen abandonando por sus frustraciones sostenidas, y…..
PPCMUMP: Listo,  compañeros. ¿Entonces exigimos recuperatorio para todos?
M: ¡¡Es insuficiente!! Yo creo que esta Lucha está vinculada a muchas otras del Movimiento Estudiantil, que se está organizando ante la Debacle Capitalista Mundial, por lo que propongo agregar: “Viva la unidad del Movimiento Estudiantil Internacional, arriba los Trabajadores, que la Crisis la paguen los Capitalistas”.
PPCMUMP: No.
M: ¡Esa consigna no unifica a las Masas! ¡Es una consigna burguesa!


Como habrán visto, el marxiano, antes que nada, es un incomprendido. Pero la incomprensión que sufre, por parte de las PPCMUMP, que son las únicas personas que ha visto, se debe a que es un marciano de tipo particular. Como los marcianos, el marxiano viene de otro planeta; sin embargo, no lo acepta. El marxiano sabe de su condición extra-terrestre, pero insiste en negarlo y hace muchos esfuerzos por pasar desapercibido. Aunque el marxiano sabe muchísimo de su planeta, donde el capitalismo es sencillo y lineal, sus conocimientos suelen ser poco operativos para la Tierra, donde el capitalismo no es sencillo, y mucho menos lineal.
Como en Hombres de negro, el marxiano oculta su verdadero rostro debajo de una capa de piel, pero se nota que no está cómodo en su cuerpo, se muestra tieso y sonríe poco. Toma su cuerpo de jóvenes PPCMUMP muertos de muerte natural, y como hay muy pocos y no tienen el sentido de la propiedad privada, suele compartirlo con otros dos o tres marxianos. Esta red solidaria es la que explica que la misma persona-marxiana esté en lugares inmensamente distantes y casi al mismo tiempo. Suele poner cara de que siempre está mirando más allá, porque está pensando desde su planeta (dejan allí el centro de comando cerebral), que es allá lejos, y encima le cuesta mucho entender el idioma humano.
A pesar de los prejuicios que rondan al marxiano, casi siempre es buen tipo. Su objetivo es que en la Tierra se haga la revolución, como seguramente se habrá hecho en su planeta, pero como no puede confesar su extraterrenalidad, dice cómo habría que hacerlo. No le perturban para nada las acusaciones de las PPCMUMP: “vos no hiciste ninguna revolución”, “en los setenta se fueron al mazo”, etc. Para él las revoluciones de la Tierra han sido y son absolutamente defectuosas, por lo que siempre apela a las que serán, aunque antes de que sean ya le va avisando a la gente las deformaciones que van a tener si no las conduce él.
No todos los amigos del marxiano son marxianos. Al contrario, el marxiano suele juntarse con marxistas y con hippies. Se junta con marxistas porque ellos son buenos traductores y pueden comprender la diferencia entre la realidad de la Tierra y la del planeta del que vienen los marxianos. Sin los marxistas que lo apuntalen, el marxiano se pierde en la neblina. Las razones por las que un marxiano se junta con los hippies son mucho más simples: los hippies aceptan siempre la diversidad y son tipos llenos de esperanza.
Apenas llega a la Tierra, el marxiano se infiltra en organizaciones de izquierda (preferentemente troskistas, pero no siempre) que a veces los identifican y no los dejan hablar en público, aunque siempre les asignan alguna que otra tarea porque los marxianos, a pesar de sus dificultades de adaptación en la Tierra, suelen ser tipos muy inteligentes y se saben de memoria casi todos los libros.
Si usted se encuentra con un marxiano, no lo discrimine, puede llegar a aprender muchas cosas.
La diferencia entre el marxiano y la marxiana es bastante grande. Las marxianas demuestran haber tenido procesos de adaptación mucho más efectivos. Se ha comprobado que ellas vienen de un planeta mucho más cercano, por lo que ven desde más acá y suelen pasar inadvertidas.
Deformaciones del término:

Hay un gran porcentaje de personas que, descreídas de la existencia ampliamente comprobada de la vida extraterrestre, creen que los marxianos son seres humanos comunes y corrientes. Tal confusión tiene consecuencias incalculables. La primera, y la más negativa de todas, es asignar la categoría de marxiano a todos los amigos del marxiano y no esforzarse por entender y escuchar aquello que esos hippies y marxistas le dicen. El efecto suele ser una profundización de la incomprensión de esas personas acerca de los hechos de la Tierra. Quien no cree en los extraterrestres y ve marxianos en todos los marxistas, está condenado, entonces, a la explotación en la Tierra y en el cielo.

Vergüenza

sust. fem. abstracto


1.

Vergüenza no es robar, vergüenza es robar y que te agarren.


2.  Caminata de la ~: 

Hay un tema con el delineador negro que es crucial aceptar: una cosa es lo sensualmente misterioso que te queda a las 10 de la noche de un sábado, haciendo juego con las medias, también negras y de corazoncitos que compraste entre el día 1 y 5 del mes. Otra cosa muy distinta es la manera en que acentúa tus ojeras y esas facciones indisimulables de recién cogida (véase: subtexto, TEGa las 8:30 de la mañana de un domingo. Buscando la parada de algún bondi que te deje por casa, toda la ciudad se tiñe con ese olor a medialuna recién orneada que te recuerda que ya no estás entre el 1 y el 5 del mes y que tus últimos pesos los pusiste en ese taxi urgente hacia su bulo ya de madrugada.
Ningún bondi se toma en la puerta de su casa. Ninguno te deja justo en la puerta de la tuya. Entre el recorrido más favorable y la pacífica redención de tu tapera hay una caminata que tendrás que hacer afrontando tu disonancia con el entorno telúrico de cualquier barrio porteño un domingo a la mañana: ravioles recién comprados, diario con revista y campanada congregando al rebaño de Cristo. Y vos queriendo pasar desapercibida con las medias batalladas y tan corridas como el delineador en tus ojos. Maldita sea la cuadra que redobla la resonancia del toc toc de tus tacos sobre las baldosas. Tu superyo despuntó junto con el sol y te repite el sentido más misógino y profundo de esta caminata: no sólo quebraste las sanas costumbres entablando ebrios diálogos por mensaje de texto a las 3 de la mañana sino que además ahora te ves ridícula en ese atuendo de puta trasnochada, fuera de lugar. 
Culmina el escarnio la chica de tu edad que te cruzás, llevando dos niños recién bañados a la plaza.


3. Caminata de la ~ ajena:

No vamos a negarlo, has llegado a cierta edad, y encontrás que hace tiempo que tus excursiones nocturnas empiezan y terminan más bien temprano. Sí, como Proust. 
Esto no te preocupa en lo más mínimo. Sabés que tu vida social es tan florida como siempre, que desayunar con Alikal no es lo mismo que desayunar con café con leche, y sobre todo que -con la excepción de meterse en un galpón mugriento a chocarte con pelotudxs reggaetoneantes- no hay nada que se pueda hacer a las 4 de la mañana que no se pueda hacer a las 10 de la noche. Pesás pros y contras, sabés las cosas que tenés que hacer al día siguiente, y sabés que no vas a ser más canchera si llamás a tus amigas para decir "ay, boluda, no sabés, llegué a mi casa a las 9 de la manaña". 
El caso es que dos corrientes humanas se entrecruzan en la ciudad entre las 2 y 4 de la mañana: a la misma hora en que vos estás rumbeando hacia la querencia, las calles se ven invadidas por la purreteada
La purreteada está, por definición, al palo. 
La purreteada luce con orgullo desesperado los últimos modelitos de Complot y Levi's, siempre incongruentes con el clima. Minifalda en invierno, botas en primavera. Camperita de jean en junio, camperita de cuero en diciembre. 
La purreteada viene borracha, desatada, gritando, cantando, y sobre todo prometiendo joda, cachengue, sexo, alcohol y rock. 
La purretada, desde afuera, es un espanto.
Los mirás y no ves en sus ojos más que autosatisfacción, acelere, y sí, una mamúa importante. Como no sos mucho mayor que ellos y (esto es seguro) conservás una capacidad de agite igual o mayor que la suya, no sabés bien cómo sentirte. Que tire la primera piedra el que no inició una guerra de canciones masiva en un 152 lleno.
Intuís que lo políticamente correcto (véase: corrección política) es siempre defender a la juventud, al cachengue, a la libertad, la autoexpresión, y el voto a los 16. Suponés que "la gente grande" te sigue mirando así de vez en cuando. Pero, por el amor de Gilda, qué espanto te produce esta masa de chillidos, blackberrys, pelos planchados y zapatos de moda. Qué ganas de sopapearlos a todos hasta que tomen conciencia del mamarracho que son. Qué hermoso sería que se callaran, aunque sea por 5 minutos. 


Jessica Rabbit


Who Framed Roger Rabbit? es parte de una zona oscura de Disney. Pero es Disney: ellos la produjeron aunque después se hayan hecho los boludos porque era demasiado subida de tono para su público tradicional.

Jessica Rabbit es una femme fatale, de eso no hay duda. Es voluptuosa, sensual, coqueta, llamativa. Su escote es excesivo y sus curvas una locura. Siempre está en planta alta (véase tacos), maquillada (véase cachetones) y de punta en blanco (¿o rojo?). 
Es una mezcla entre la clásica damisela en peligro y la diva de las películas de detectives. 
Pareciera que le gusta estar en el centro de las miradas porque se dedica varias noches a la semana a lucir su voz y sus contoneos arriba del escenario. Pero el coqueteo es parte de la descripción de su trabajo. ¿O será que es sólo una chica buena que tiene problemas con la proxemia y los códigos del subtexto? El caso es que eso levanta sospechas.
"¿Ella está casada con Roger Rabbit?" le pregunta azorado el detective Eddie Valiant a Betty Boop. Y Betty no duda, Jessica es una chica afortunada. La piba podría tener a cualquier tipo que se le cruzara entre ceja y ceja. Pero no, Jessica no es nada boluda, eligió bien: aunque Roger Rabbit es orejudo, petiso, hiperquinético y bastante torpe, es juguetón, bueno y la cuida siempre. Pero hay algo más importante, algo que es la base del amor que Jessica le profesa a su peludito marido, y es que Roger la hace reír y eso es algo que no se paga ni con dinero ni con la Master Card.
La gente desconfía de ese amor, no entienden que detrás de esas tetas monstruosas hay un corazón igual de enorme. Son todos unos cínicos.
Jessica es un camión y lo maneja como puede. Pero no es su culpa y ella se defiende: "I'm not bad, I'm just drawn that way".


Sandra Bullock


Nacida en 1964 en Arlington, Virginia, esta actriz estadounidense es la heroína de comedia romántica por excelencia. Esto se debe a que Bullock posee el extraño don de parecer "una mina como unx". Discretamente hermosa, tiene un misterioso halo de simpatía que nos hace creer que es re normal, que reacciona como reaccionaríamos nosotrxs, que nos llevaríamos bien con ella si la conociéramos. 
Por más amantes del buen cine que seamos, cada vez que aparece en la tele este camaleón emocional poco menor que nuestros padres se nos hace imposible cambiar de canal.
Sandra queda atrapada en un colectivo-bomba con Keanu Reeves y decimos: "No, Sandra, qué garrón".
Sandra tiene problemas con unos malos que conspiran en Internet, y gritamos: "¿Qué está pasando? Corré, ponete a salvo".
Sandra va a rehabilitación y realmente sentimos su dolor. "Sí, nena, dejalo, ese tipo no te conviene."
Sandra se levanta a Ryan Reynolds, y aunque todavía no vimos esa peli la felicitamos al ver trailer: "Bien ahí, Sandy, bien ahí".
Vimos la que hace de bruja, la que hace de viuda, la que hace de hippie, la que hace de agente del FBI que hace de reina de belleza. Y si no queremos ver las últimas películas que hizo, es porque parecen muy yanquis y derechudas, y tenemos terror de terminar diciendo "no, pobre Sandra. ¿Qué te hicieron esos sucios terroristas de mierda?" o "ay, Sandra, qué buena sos, adoptando a un negro".
Pero Sandy B. es Sandy B., y queremos que sea nuestra amiga, nuestra mamá, hermana, cuñada, suegra, jefa, profesora, analista u odontóloga. Queremos a Sandra en nuestras vidas. 

Talita


Personaje femenino de Rayuela (Cortázar, Julio,  1963,  varias ediciones)

Del lado de acá, Talita. Talita color verde yerba mate. Talita con el ocre grisáceo del Río de la Plata y de la mirada de Traveler. Talita anudada a su Traveler color nostalgia. Talita y Horacio y Traveler y Gekrepten. Talita trigonométrica. Medio, puente, yerba y clavos. Talita pasamanos. Pasaviento. Pasamontañas. Talita que en la soledad de la nada se trastoca con ella. Y teme. Y trasmuta y revive. Talita que trae. Talita parte. Que tiene viaje y Traveler y vida-que-agarré-de-la-cornamenta-y-no-dejo-escapar. Que tiene lugar y luz propia. Talita no satélite. Talita Manú. Talita que no duerme y que duerme y sueña con un museo y con que la vida.
Del lado de allá, la Maga y sus polleras con color. La Maga y su triste inocencia. La Maga con los ojos negros de ingenuidad y partida y silencio. La Maga y Horacio y París y Pola. Con el amor y el abrazo fraternal, de los abrazos compasivos y tal vez comprensivos. Boinas, cigarrillos, reuniones del Club y un París más personaje que París. La Maga desprendimiento de Nadja. La Maga germen de Breton. La Maga toda. Porque Oliveira la cuida, la quiere, la acompaña. Porque la ingenua naïf tiene esa bohemia implícita de vida-que-corre-y-no-la-alcanzo. Pero Pola. Pola oleaje y fantasía. Pola escaparate, soga, vacío. Del lado de allá, la soledad y el derrumbe.

La Maga, sin embargo y a nuestro pesar (véase minita), es un personaje regido por el marketing.
Está creada para ser a primeras vistas adorable. Y los lectores, adolescentes y desprevenidos lectores hembra, la adoran. 
¿Porque está en París, porque es bohemia y porque Horacio la elige a pesar de?
¿Porque no es absorbente, ni autopensante, ni realmente inteligente?
¿Porque adora y acepta e idolatra sin sacudirse?

Las Talitas han experimentado, incluso sufrido, esta selección absurda. Los hombres, en general, también eligen ese tipo de mujeres. Se rigen por las leyes del marketing y del facilismo menos pensante.
Ellas son las adoradas. Ellas son las buscadas. Los hombres parecieran morir por la pseudo inocencia de las Magas. Las Talitas son buenas amigas (véase novia de tu amigo), son compinches, pero no son, de buenas a primeras, la elegida.

Me corrijo, sin embargo: los hombres mueren por las Talitas, pero les tienen miedo. No creen poder llegar a una Talita. Son contados los casos de los hombres que se animan a una mujer que los puede llegar a dejar en silencio por un rato. Las mujeres autopensantes no son la primera elección.
Las Magas tienen ese costado naïf que los arrastra, irremediablemente.
Y ellas, irremediablemente Talitas, serán la "interesante", la "copada", la "sos demasiado mina para mí". Las Talitas sufrirán al fóbico, padecerán el Síndrome de Laura Pausini y serán expertas en el TEG del amor, en el mejor de los casos.
Ser una mina centrada, inteligente, enfocada en una pasión, creativa o una minita más del montón.

Sencillamente, ser una tremenda mina como Talita, o ser puro bombo publicitario, como La Maga.

- Los hombres vemos Sex and the city porque el 80 % de las mujeres se rige según esas reglas. Y necesitamos entenderlas.
- Pero, ¿qué nos queda al 20 % restante?
- Son más interesantes, pero son la minoría.

Por suerte, siguen habiendo Talitas que defienden el lugar que nos merecemos.

Minita

sust. fem.

Partamos de que "minita" es un término despectivo. No es cariñoso, ni simpático: es siempre un insulto.

Haciéndo énfasis en el diminutivo, la minita es poca persona. Como decirle a alguien hombrecito, personita. Les falta algo. Son bidimensionales, son inconsecuentes. Casi que no cuentan.

Pero ser minita también es un estilo de vida: el estilo de vida que se supone que, en cuanto mujeres, tengamos, y que nosotras nos rehusamos a tener. O sea, una minita es una pelotuda, que encima atribuye su pelotudez al género y nos quiere arrastrar con ella a su pelotudez. La odiamos porque hace con total impunidad las cosas que nosotras no nos permitimos hacer por respeto a las demás. 
Pero ahí va ella, pidiendo coca light, llorando a cada rato, haciéndose las manos y los pies como gran programa del sábado, escuchando a Arjona, haciéndose la difícil, decepcionándose cuando pasa un vendedor de rosas por el bar y nadie le compra. Hueca, hueca como ninguna, le gusta la propaganda del igualismo porque realmente cree que impedirle a su pareja ir a jugar al fútbol con sus amigos es el feminismo. Y una, que casi casi siente pudor cada vez que le baja la presión, mataría a patadas a esa damisela perpetuamente en apuros. 
Ya hace más de veinte años nos quisieron vender la línea rosada de Playmobil y nos resistimos. Le pedimos a Papá Noel el playmóbil caballero medieval en vez de la playmóbila mamá. Nos acostumbramos a levantar las cosas sin ayuda, a ocultar como si fueran vergonzosas las actividades "de mina". Porque a veces nos gusta mirar zapatos, hablar sobre uñas (véase manicura), hacer escenas y mirar películas donde las chicas sufren por/con/cerca de Ryan Gosling, pero no nos sentimos bien haciéndolo abiertamente. Nos decimos entre nosotras, apologéticamente, que sí, bueno, es re de minita, como si estuviéramos haciendo mal. 
Entonces, la vida de minita es todo lo que no queremos pero también es todo lo que nos está vedado. No podemos ser minitas porque somos inteligentes, somos buenas, tenemos conciencia de género y de clase. 
Ojo, no es que las envidiemos. Lo que pasa es que si ellas no existieran, no tendríamos que andarnos disculpando cada vez que nos planchamos el pelo o nos vestimos demasiado a la moda. 
La minita te caga la vida.

Gringo

(Etim. [muy] disc. o del ingl. "green go home!")

sust. m.

No está claro si hablamos de yanquis o de todo género de extranjero. Pero se cree que los que no son rubios y altos y/o hablan lenguas que desciendan del germánico no aplicarían a esta categoría.
Suele haber discusión acerca de qué onda con los gringos. Hay gringófilas y gringófobas, las hay también neutrales, como Suiza. Hay de todo.
Las neutrales no le prestan mucha atención al asunto porque no discriminan.
Las gringófilas no lo son tanto, porque seguro que si se les planta un latino con acento caribeño se prenden a militar el cachengue (véase militar el cachengue), actitud tan propia de las zonas costeñas a la que ellas adscriben siempre, siempre.
Las grigófobas alegan alergias y zarpullido si un gringo se les acerca demasiado. Las informaciones oficiales, sin embargo, comunican que por ahora no se ha comprobado que eso ocurra. Y las neutrales y gringófilas pretenden que aquellas que se dicen grigófobas deberían darle una oportunidad al asunto.

(cont.)