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Stalkerzonear

v. tr.

Un muchachito o muchachita (según la preferencia de cada quien) te agrega de la nada o casi en facebook, twitter, instagram o la red social que más te gusta. En seguida empieza a likear (favear, lo que sea) absolutamente todo lo que posteás.
Quizás es un presentimiento, quizás es la narrativa dominante de cómo supuestamente uno conoce a alguien en internet, pero por un momento el muchachito o la muchachita pareciera tener cierto interés en vos. Según esta narrativa, el likeo compulsivo sería una primera instancia tímida de acercamiento, la semilla de un diálogo que se volverá personal, directo, y privado. Eso dicen tus amigos cuando les comentás el caso por chat. 
Nada de eso sucede. A vos no te gustaba pero te halaga la posibilidad de que él guste de vos y la verdad es que parece más o menos copado. Si te invitara a tomar una birra no dirías que no, pero no sabrías cómo iniciar una conversación ni creés que sea responsabilidad tuya. Así que ya fue, si te quiere hablar te hablará. 
Se vuelve ubicuo. Despotricás un martes a las 4 de la mañana. LIKE. Recomendás una peli. LIKE. Foto con las pi el sábado a la noche. LIKE. Video de tu nueva canción preferida. LIKE. Invitación a un evento que organizás. LIKE. Chiste interno que no debería entender. LIKE. Se murió mi perro. LIKE. Aguante Hitler. LIKE.

¡Enhorabuena, has sido stalkerzoneada! O mejor dicho, este sujeto se ha autostalkerzoneado, ha decidido permanecer en el lugar de stalker, siguiendo tu vida como si fuera el instagram de una celebridad menor de Hollywood que postea cada vez que hace pis. No importa que vos seas una persona normal que no quiere usar facebook para ser admirada a distancia sino para hablar con amigos, ver fotos de los bebés y las mascotas de la gente y, si place a los Hados, levantar. 

Al final te terminás obsesionando vos. ¿Quién es? ¿Qué mierda quiere de mí? ¿Por qué likea TODO? Eso no fue tan gracioso. ¿Me va a hablar? ¿Me quiere hablar? ¿Por qué le gusta la foto de mis amigos que puse en la portada? CORTALA, FAN, ANDATE DE MI VIDA.
Una vez acaecido el stalkerzoneo e identificada la naturaleza específica de este stalker (porque hay muchos tipos de stalker, claro está) tenés dos opciones. 
Una es aceptar el rol que te asignaron y deberte a tu público. Si para él sos sólo una fuente de entretenimiento, para vos él es un masajito en la imagen positiva. 
La otra, la que recomiendan 8 de cada 10 odontólogos, es cortar ese simulacro de un vínculo que nunca existió, especialmente cuando una ya es un poco hoarder vincular. Mejor eliminar, bloquear, o lo que sea, y a otra cosa mariposa.

Etiquetarse en las tortas


Verbo. Súperreflexivo.

Proceso de auto visibilización que consiste en reivindicar la participación y/o presencia de una allí donde ha sido deliberadamente borrada. // Justicia por mano propia.

Ingenua ginecea postadolecente, todavía romántica, todavía medio boludona, se dedica a la pastelería amateur para ponerle un-toque-de-onda al vínculo héterocentradísimo que tiene. Y, como corresponde a todo vínculo heterocentradísimo, sucede que el festejado tiene amigas (ver amiga de tu novio). Y si parecía estar todo bien porque la ginecea en cuestión es medio boludona y la confrontación en espacios públicos la deja para cuando hay que tirarle piedras a alguna dependencia pública; corre el riesgo de convertirse en el centro de los ataques pasivo agresivos de una especie muy particular de aburridas que, no importa cuánto hayan sorteado las barreras de la historia para con el género, necesitan investirse de la norma y contarte porqué sos una mala novia. O una poco mujer. Para ellas es todo lo mismo.

Ni yo quiero ser una buena novia, ni vos una amiga copada.

Y puede pasar que alguien, en algún descuido del inconsciente –porque acá entendemos todo, la comprensión es feminista; la solidaridad de género también, aunque a veces haya que explicarla por la fuerza- se manda la mamarrachada de borrarte, en tanto novia de su amigo, de todas las fotos. Sí: no conformes con remarcar lo amateur de tu pastelería, el book oficial del evento no te cuenta entre sus participantes.

Otra posibilidad es que se encargue de explicar (usándote de ejemplo permanente, claro está) lo infradotadas que son las mujeres en el capitalismo. Porque se sabe que a las conchudas las tocó la varita mágica (sin varita mágica no hay misoginia, dirá alguna extremista) y están, por obra y gracia del falo divino, exentas de cualquier culpa y cargo de la femeneidad capitalista. Que una no reivindica especialmente, pero vamos, tanta gratuidad ante contradicciones de las que tod*s participamos, ¿no es un poco mucho?

Pero la misoginia se viste tanto de rosa barbie como de violeta antipatriarcal. Y la reacción más lógica, ya que estamos en tema, es tirarle un balde de lavandina. ¿No?

Estrategia: o como bailar el baile de la conchuda sin condenar la genitalidad propia.

¿Qué hacemos ahora? Odio, rencor, violencia, piedras.

Pero no. No es tan fácil. No es que una va y dice: “¿Qué te pasa, piba? ¿No te parece un toque sacado bardearme ante cada chance que tenés? ¿Lo querés charlar? ¿Querés que nos caguemos a trompadas?”

Claro, una quiere creer que con la sinceridad alcanza, pero la conchuda tiene la habilidad de la victimización y el no hacerse cargo. Y una queda colgada, tratando de resolver toda tensión lo más civilizadamente posible, malgastando energía al pedo y bancándose la sonrisita socarrona de “sabés que te odio y no va a cambiar” de la que ni siquiera se digna a putearte cara a cara.

Y ves bien la foto. Y en la foto no estás, pero las dos medio-fallidas-pero-con-bocha-de amor (y ricas) tortas que te mandaste en este asunto de la novia ortodoxa, están. Están ahí. Y te etiquetás en las tortas, porque si las tortas estaban, vos también. Y, convengamos, en algún momento te ibas a tener que hacer cargo de que sos un poco torta. Ni se la esperaban. Pocas cosas más eficaces que darle al otro la razón, demostrando que no importa si les cabe o no, vos estás.
Aunque sea en forma de torta.

Pero ojo, etiquetarse en las tortas no es sólo cuestión de mandarse con la valentía propia de estar atrás de un monitor y hacer un click (ver subtexto); es definirse, imponerse, visibilizarse como la-novia-medio-torta-y-qué. El acto performativo de la visibilización jocosa debería concluir autorreferencialmente: “¿Te divierte bardear a otras mujeres? Bien. A mí cojer con ellas”

Esto es pura justicia poética.

Vergüenza

sust. fem. abstracto


1.

Vergüenza no es robar, vergüenza es robar y que te agarren.


2.  Caminata de la ~: 

Hay un tema con el delineador negro que es crucial aceptar: una cosa es lo sensualmente misterioso que te queda a las 10 de la noche de un sábado, haciendo juego con las medias, también negras y de corazoncitos que compraste entre el día 1 y 5 del mes. Otra cosa muy distinta es la manera en que acentúa tus ojeras y esas facciones indisimulables de recién cogida (véase: subtexto, TEGa las 8:30 de la mañana de un domingo. Buscando la parada de algún bondi que te deje por casa, toda la ciudad se tiñe con ese olor a medialuna recién orneada que te recuerda que ya no estás entre el 1 y el 5 del mes y que tus últimos pesos los pusiste en ese taxi urgente hacia su bulo ya de madrugada.
Ningún bondi se toma en la puerta de su casa. Ninguno te deja justo en la puerta de la tuya. Entre el recorrido más favorable y la pacífica redención de tu tapera hay una caminata que tendrás que hacer afrontando tu disonancia con el entorno telúrico de cualquier barrio porteño un domingo a la mañana: ravioles recién comprados, diario con revista y campanada congregando al rebaño de Cristo. Y vos queriendo pasar desapercibida con las medias batalladas y tan corridas como el delineador en tus ojos. Maldita sea la cuadra que redobla la resonancia del toc toc de tus tacos sobre las baldosas. Tu superyo despuntó junto con el sol y te repite el sentido más misógino y profundo de esta caminata: no sólo quebraste las sanas costumbres entablando ebrios diálogos por mensaje de texto a las 3 de la mañana sino que además ahora te ves ridícula en ese atuendo de puta trasnochada, fuera de lugar. 
Culmina el escarnio la chica de tu edad que te cruzás, llevando dos niños recién bañados a la plaza.


3. Caminata de la ~ ajena:

No vamos a negarlo, has llegado a cierta edad, y encontrás que hace tiempo que tus excursiones nocturnas empiezan y terminan más bien temprano. Sí, como Proust. 
Esto no te preocupa en lo más mínimo. Sabés que tu vida social es tan florida como siempre, que desayunar con Alikal no es lo mismo que desayunar con café con leche, y sobre todo que -con la excepción de meterse en un galpón mugriento a chocarte con pelotudxs reggaetoneantes- no hay nada que se pueda hacer a las 4 de la mañana que no se pueda hacer a las 10 de la noche. Pesás pros y contras, sabés las cosas que tenés que hacer al día siguiente, y sabés que no vas a ser más canchera si llamás a tus amigas para decir "ay, boluda, no sabés, llegué a mi casa a las 9 de la manaña". 
El caso es que dos corrientes humanas se entrecruzan en la ciudad entre las 2 y 4 de la mañana: a la misma hora en que vos estás rumbeando hacia la querencia, las calles se ven invadidas por la purreteada
La purreteada está, por definición, al palo. 
La purreteada luce con orgullo desesperado los últimos modelitos de Complot y Levi's, siempre incongruentes con el clima. Minifalda en invierno, botas en primavera. Camperita de jean en junio, camperita de cuero en diciembre. 
La purreteada viene borracha, desatada, gritando, cantando, y sobre todo prometiendo joda, cachengue, sexo, alcohol y rock. 
La purretada, desde afuera, es un espanto.
Los mirás y no ves en sus ojos más que autosatisfacción, acelere, y sí, una mamúa importante. Como no sos mucho mayor que ellos y (esto es seguro) conservás una capacidad de agite igual o mayor que la suya, no sabés bien cómo sentirte. Que tire la primera piedra el que no inició una guerra de canciones masiva en un 152 lleno.
Intuís que lo políticamente correcto (véase: corrección política) es siempre defender a la juventud, al cachengue, a la libertad, la autoexpresión, y el voto a los 16. Suponés que "la gente grande" te sigue mirando así de vez en cuando. Pero, por el amor de Gilda, qué espanto te produce esta masa de chillidos, blackberrys, pelos planchados y zapatos de moda. Qué ganas de sopapearlos a todos hasta que tomen conciencia del mamarracho que son. Qué hermoso sería que se callaran, aunque sea por 5 minutos. 


Despecho

sust. masc.
Del latín despectus.

Sentimiento de ira y violencia verbal y subtextual (véase subtexto) hacia el victimario.
Revanchismo. Odio visceral a aquello previamente amado.
Suspensión total de la capacidad de razonar las consecuencias de la venganza.
Sustantivo abstracto masculino que, una vez más, demostrará las magias de los matices genéricos del castellano.

~ado: Triste, solo, abandonado, amigo del whisky. Jurás que nunca te habías enamorado como esta vez, que ahora sí estabas por lograrlo. A lo sumo, en una interrupción momentánea de tus capacidades, reenviás una foto con la que pensás hundirla, sin darte cuenta que la gente sí se va a dar cuenta que tenés el pito corto y que te estás hundiendo a vos mismo. No importa. Mañana te vas a olvidar de todo, porque para eso está el whisky y vas a empezar algún deporte de contacto, para reafirmar tu hombría. O te vas a dejar la barba, lo que suceda primero.

~ada: Genia de la maldad. Bruja de Disney (véase Disney). No podés envenenar manzanas, pero podés trazar un plan maléfico que haría que Úrsula se mee del orgullo (véase Ariel).
Le hackeás la cuenta de Facebook. Le cambiás el nombre de usuario y le ponés "Fulanito Pitocorto". Borrás a sus amigos cercanos y todas las fotos en las que no quede claro quién es el fulano en cuestión. Le llenás el muro de obsenidades autorreferenciales a su pito corto. De paso, confirmás el mito sobre Fulanito y te creés una diosa de la solidaridad de género. Ahora podés descansar tranquila, porque el mundo conoce su verdad. No queda más que disfrutar de la agonía. Y pintarte las uñas de rojo despecho (véase manicura).

Fóbica

Adj. fem. de fobia (f. Miedo irracional, obsesivo y angustioso hacia determinadas situaciones, cosas, personas, etc.: tiene fobia a las arañas)
Cfr. fóbico 

Los sujetos fóbicos femeninos (o sujetas fóbicas) tienen un rango de edad que va de los 22 y los 36 años, y una desarrollada capacidad para boicotear relaciones de pareja. La sujeta fóbica es una mujer exitosa y está ocupada casi todo el tiempo. Es independiente en (casi) todos los aspectos de su vida. Habla con seguridad y camina con más seguridad todavía. Si la sujeta fóbica tiene una duda, le pregunta a otra mujer exitosa, jamás a un hombre. Tiene cerca de treinta años hace mucho, porque desde los veinte ya estaba preocupada por llegar a los treinta antes de hacer todo lo que tenía planeado. Cuando la sujeta fóbica tiene un evento social está contenta, y de verdad contenta, y si no está de verdad contenta parece contenta porque estar triste no es copado. Cuando la sujeta fóbica conoce a su potencial soberano, se relaja y goza. Es desinhibida sexualmente y afectivamente, y si no lo es de verdad, parece desinhibida porque ser inhibida no es copado. En la cama los da vuelta y vuelta y se garantiza siempre el siguiente llamado. Es femenina y sensual porque no se le escapan los detalles, y quiere que el potencial soberano la vea como una femme fatale, que encima es inteligente. Si él la trata como femme fatale, la sujeta fóbica le explica que ella no es un objeto sexual.
A la sujeta fóbica le encanta que la inviten a salir y que paguen, pero sólo como un gesto vetusto de caballerosidad, no porque eso corresponda. La sujeta fóbica tiene muchos sentimientos y no tiene problema en hablar de ellos, porque una mujer libre no tiene prejuicios, y mucho menos miedo a exponer su corazón de mujer socialmente configurado. Habla de amor y le encantaría enamorarse. La sujeta fóbica no entiende por qué está sola y pocas veces es consciente de su patología. Ella ha amado y sabe lo que es el amor, y recuerda aquel pasado lejano en el que eso le ocupaba tiempo y energías. Cuando la sujeta fóbica vuelve a ver al mismo varón dos veces se pregunta por qué, y le dedica un rato a ese pensamiento, pero no se da cuenta, simplemente “se dio”. En el nivel consciente la sujeta fóbica la pasa bien, el varón le gusta y se divierten, pero subyace, en la sujeta fóbica, una sensación inexplicable de incomodidad. Si el varón no manda un mensaje a tiempo, que no es ni tan temprano ni tan tarde (véase TEG), la sujeta fóbica empezará a notar con rapidez la falta de tacto que tiene el varón con el tiempo, y con todo el resto de las cosas. Lo mismo ocurrirá si el varón hace dos chistes cuando daba para uno. Ella tiene desarrollada una habilidad superior para identificar los defectos, incluso antes de que se hagan visibles (véase subtexto), y logrará evitar quedar atrapara en la relación “peor es nada” que seguramente el varón que no verá por tercera vez tenía para proponerle. Si el varón es dulce y cariñoso, la sujeta fóbica se emociona y se siente a gusto, pero de ninguna forma puede serlo en público. Ella sabe que el varón querrá, con eso, marcar territorio y ella no es ningún territorio para ser marcado. La sujeta fóbica jamás abusa de los valores futuros del presente: “nos vemos”, del condicional asociado al modo subjuntivo: “estaría bueno que fuéramos a ver a esa banda”, o del futuro perifrástico: “otro día vamos a ir a un lugar que está buenísimo”. Las razones son dos: si el varón se lo toma a pecho y se pone goma va a tener que dejarlo; y si la deja de llamar ella tendrá que apurarse para dejarlo primero.
Pero la sujeta fóbica sabe que algo no funciona, sobre todo porque los varones que le vuelan la peluca son los que tienen comprado el pasaje a Bangladesh antes de conocerla (véase SLP). Tiene bien en claro que el éxito también se mide en la vida privada, y, aunque ser madre es unas decisión personal y no tiene que ser la tarea de las mujeres en la sociedad, la sujeta fóbica sabe que algún día se preguntará si quiere, y no quiere querer, porque si tiene treinta hace tanto tiempo y no pasó nada, todo indica que va a fracasar. La sujeta fóbica le tiene pánico al fracaso, y, por sobre todas las cosas, le tiene pánico a la mediocridad, a pasar desapercibida, a ser una mujer de alguien como todas las demás. Cuando la sujeta fóbica ve a las sujetas no fóbicas felices, se convence de que es una apariencia, de que parecen felices porque no ser feliz no es copado. Ella es de nadie y nadie es quien la llama, quien la felicita y quien la acompaña en todos los éxitos de su vida, con quien comparte la inmensa cantidad de momentos que la hacen feliz, y si no la hacen feliz, nadie se entera, le hace un té a la noche y duerme con ella.

Emocional

Adj.
(Etim.: del latín emotĭo, "movimiento o impulso".)


Dícese del sujeto que tiende a exponer sus emociones frente a otros individuos de su misma especie. Por lo general considerada una característica crónica en cualquier persona que se deja ver en lágrimas dos o tres veces, la emocionalidad es asimilada por la doxa como propia de un carácter inestable y susceptible. Lo cierto es que el sujeto emocional padece principalmente la dimensionalidad arbitraria y fija que se le ha impuesto a lo largo de su crecimiento y socialización: la piel es demasiado estrecha, la garganta es irritable, las manos son muy pequeñas; luego el mundo es demasiado extraño, la vida es demasiada incógnita, las oportunidades demasiado súbitas, la muerte demasiado irreversible. El verdadero drama del sujeto emocional es su tendencia a visualizar la inconmensurabilidad del tiempo y el espacio desde el envase biodegradable que le ha tocado en suerte y el paradigma de conceptos que le encajaron durante la crianza. Por eso cada tanto llora y se despoja, se renueva; desempolva, cierra la ventanilla, descansa.

Tiranía ~.

Gobierno de sí en estado de superconsciencia.
El mundo es mi perspectiva sobre el mundo. Lo cierro. Lo abro. No hay lugar para vueltas; no hay lugar para pavadas. Usté no me va a dejar a mí, como si fuera tan poco; YO lo dejo. Vaya. No me duele, no. No me hace nada. ¿Todavía acá? Pensé que ya se había ido. Sí, claro, charlamos después o cualquier día. No hay problema. Con TODO loque tengo quehaCER, mirási ENCIMA voyaestar LIMANDO!
Ahora te quiero; ahora no te quiero.
No te quiero y no te necesito.

Fóbico

Adj. masc. de fobia (f. Miedo irracional, obsesivo y angustioso hacia determinadas situaciones, cosas, personas, etc.: tiene fobia a las arañas)
Cfr. fóbica

1. Los fóbicos son hombres (aunque existen unos pocos casos de mujeres), con un rango de edad que puede variar entre los 15 y los 36 años, con incapacidad absoluta de sostener relaciones de pareja. El sujeto fóbico masculino se presenta como absolutamente liberado de las imposiciones sociales y culturales, y absolutamente capaz de tomar decisiones por sí solo, aunque pocas veces puede hacerlo, porque a menudo es víctima de su propia afección. Es siempre más canchero y más galán que los sujetos masculinos no fóbicos. Nadie puede imponerle nada, decide autónomamente cuándo y con qué frecuencia verá a su potencial victimaria. Se dedica altas cantidades de minutos a pensar qué otra cosa mejor tiene para hacer que llamar o mandar un mensaje de texto, para que la potencial victimaria no se ilusione. El fóbico suele esperar entre dos y tres semanas para repetir el encuentro, de forma que no queden dudas de que no le importa para nada entablar un vínculo duradero. Cuando el fóbico finalmente concreta el encuentro, hace tanto que no tiene relaciones sexuales con su potencial victimaria que suele tener una primer performance entre baja y desastrosa. Como su fobia sólo puede materializarse si la potencial victimaria se instituye como tal en el hecho de desearlo para ella, el fóbico no tarda en repetir el acto sexual las veces que sea necesario, hasta que la potencial victimaria caiga a sus pies y lo recuerde por dos semanas más. El fóbico hace todo lo posible para que la potencial victimaria siga siendo tal cosa, y por las dudas abusa de los valores futuros del presente: “nos vemos”, del condicional asociado al modo subjuntivo: “estaría bueno que fuéramos a ver a esa banda”, y por las dudas, del futuro perifrástico: “otro día vamos a ir a un lugar que está buenísimo”. Aunque siempre hace creer a su potencial victimaria que la concordancia es con un la primera persona del plural inclusivo, la realidad demuestra después que ella se confundió y se refería a algún otro colectivo en el que de ninguna forma estaba incluida. El fóbico hace todo esto para garantizar que no ocurra aquello a lo que más le teme, además del temor que le tiene a su potencial victimaria, y es que no le presten más atención. El fóbico sufre de un miedo irracional a tres cosas:
  1. a su potencial victimaria,
  2. a que su potencial victimaria se olvide de él,
  3. a quedarse con su potencial victimaria y entablar con ella una relación duradera que fracase.
El fóbico, que según dice no tiene atadura alguna a los parámetros sociales, entendió perfectamente que si fracasa en el amor es un fracasado, y prefiere hacer de cuenta que lo hizo “adrede”, por “fóbico”. Por esto podemos afirmar que el sujeto fóbico sufre, en realidad, una triple fobia:
  1. a perder toda su pequeña identidad en una relación duradera,
  2. a las heridas narcisistas de que alguien lo rechace,
  3. a fracasar en el camino de la vida.
Detrás de su narcisismo, es inmensamente inseguro, entonces, por las dudas, no deja que nadie lo conozca de verdad. Cree en lo profundo que estamos destinados a tener una pareja, construir una familia y comprarnos una casa. El sujeto fóbico es, en definitiva, un sobreadaptado al patrón cultural burgués que se esmera en criticar, pero está convencido de que no puede cumplirlo.
Producto de esta afección, masiva, han surgido una serie amplia de términos y expresiones que indican la existencia de una relación que supera la amistad pero que de ninguna forma puede confundirse con una relación amorosa: “nos estamos viendo”, “salimos”, “estamos”, “garchamos”, “mi fija”, o su versión preadolescente: “amigos con derecho a roce”.

2. ~ arrepentido
El fóbico arrepentido es el menos común de los fóbicos. Hace expreso el reconocimiento de la afección e intenta revertirla. Como resiste, cree que tiene alguna superioridad moral y engrandece su narcisismo. Dice querer quedarse con su potencial victimaria e intenta, sinceramente, adaptarse a ser un dominado. El fóbico no entiende expresiones tales como “compañero”, “compartir”, “acompañamiento”, aunque las usa para convencerse. Está completamente seguro de que estará preso, y se comporta como un presidiario que sale en libertad dos horas al día. Pide perdón de forma sistemática porque todo lo que siente parece ser una potencial amenaza. Compra flores, escribe poesía, invita a salir y paga la cena. El fóbico no sabe que cuando ve a su potencial victimaria más seguido no hace falta que haga todas esas cosas. Como el fóbico es, finalmente, un fóbico, se cansa rápido y decide cortar por lo sano en el momento menos pensado. Las excusas son múltiples.

Subtexto



Sust. mas.

No todo lo que es dicho, escrito o gesticulado lleva algo escondido. Pero la motivación subyacente es la base de la teoría del subtexto.
En definitiva, entonces, todo empieza cuando uno decide que lo que está leyendo, escuchando o viendo no es lo que está leyendo, escuchando o viendo, sino algo muy distinto a lo que lee, escucha o ve. Porque sí, los gestos también son un texto susceptible de ser analizado en cuanto existe la posibilidad de que tengan algo más abajo o atrás, o donde quiera que sea que se esconde el subtexto.
Pero también uno puede decidir que lo que está diciendo, escribiendo o mostrando es algo distinto de lo que de hecho dice, escribe o muestra.
La cosa va para los dos lados.
Y en este sentido, las nuevas formas de comunicación juegan un papel central a la hora de realizar el análisis del subtexto.
¿Cuántas veces nos hemos reunido alrededor de una computadora para desentrañar el sentido oculto de un mail? ¿Cuántas veces nos hemos reunido alrededor de un celular para ayudar al emisor a enviar un mensaje de texto (véase mensaje detexto) que juegue mejor con el posible subtexto?
“No, no pongas coma, poné puntos suspensivos”, “mejor hacele una pregunta, a ver qué te responde y después vemos cómo seguimos”, “decile donde vas a estar, fijate si te tira una coordenada (véase tirar una coordenada)”.
Y así, un “no sé qué hacer esta noche y se me ocurrió que podrías tener algún dato” puede querer decir “no tengo una mejor excusa para invitarte a salir pero quizás te hago caer con esta y  hacemos algo”. Ese algo también esconde un subtexto.
Facebook y Twitter no se quedan atrás: una vez incorporados a los círculos sociales, comienza la guerra: a este, tres veces por semana, “le gusta” lo que publiqué en el muro. Aquel me comenta todos los estados. Y el de más allá retwittea mis tweets muy seguido.
Hay quienes van a investigar hasta el final cada publicación, información de perfil y fotos del otro con tal de encontrar una buena excusa para subir la mejor foto, publicar el mejor cambio de estado o invitar al más interesante de los eventos al objeto de su obsesión cibernética.
Y sí, el manejo del subtexto puede ser una actividad muy entretenida. Pero, ojo, queda claro que la excesiva lectura del subtexto en las relaciones (pseudo)amorosas puede llevar al desarrollo de una patología conocida como TEG del amor (véase TEG).



Novia de tu amigo

Nuestro amigo se ha puesto de novio y estamos genuinamente contentas por él, de corazón. Pero hay cosas que la novia haría bien en no olvidar. 

- Nos cae bien, pero no estamos obligadas a darle charla en los cumpleaños. No tenemos nada en común salvo ser mujeres. Nos cae bien, pero no es nuestra amiga. 
- Estamos acá desde antes que ella, y vamos a seguir acá mucho después de que ella se vaya.
- Ella lo vio desnudo pero nosotras lo vimos gordo a los 10 años, o lo vimos metalero a los 12, o lo vimos vomitar, o lo vimos llorando porque alguien le pegó en la nariz.
Puede o no que seamos ese alguien. 
Sabemos lo que hacía cuando era soltero, sabemos lo que hace ahora que está de novio, y nunca se lo vamos a contar a ella.
- Lo queremos como un hermano pero es obvio que alguna vez, hace mucho, pensamos en chapárnoslo (o nos lo chapamos sin pensarlo). 
- Está todo bien, pero si él deja de darnos bola por salir con ella, lo vamos a putear. 
- "Salgo a tomar una birra con los chicos" nos incluye. Peleamos por eso, y estamos orgullosas de ser uno más de los pibes. Ella no lo es. 

La novia sabe todo esto y por eso ella tampoco nos quiere (véase amiga de tu novio). Mientras nuestro amigo esté enamoradísimo y feliz, vamos a sonreír y portarnos como damas. Todo perfecto. El día en que se peleen vamos a hacer de cuenta que nunca existió. 
Si, por algún motivo, surge algún conflicto entre nosotras (o aún si no lo hay), ella es capaz de hacer escenitas y quejarse. Pero nosotras, oh, nosotras nunca. Estoicas, imperturbables, no vamos a decir una sola palabra. Que llore y patalee. Que nos odie, ¿qué nos importa? Ella no es nuestra amiga.

Amiga de tu novio


s.f.s

Individua que fraterniza con tu novio y que, desde el primer momento, intentará demostrarte su territorio y las reglas del juego (véase novia de mi amigo). La única variable al respecto será su predisposición por darte un pequeño espacio y la ficción de una nueva amistad o para hacerte sentir una yegua robahombres.
El problema es que los novios a duras penas comprenden y entienden la diferencia.

Copada ~
Pese a lo que muchos creerían, la copada amiga de tu novio existe y, en casos de buena suerte, abunda. Es aquella que, solidarizándose con el género, te tiende la mano, te da la bienvenida y te felicita, muy en el fondo de su alma, por haber sido la que, finalmente, logró conquistar el corazón de su amigo, ese corazón que ellas se encargarán de demostrarte que conocen tan bien, con una catarata insoportable de anécdotas antiguas que te importan poco y que terminarán, en algún momento, generando alguna tensión con tu novio.
Sin embargo, la amiga copada se puede llegar a convertir en una pseudo/proto amiga nueva que hasta te puede llegar a escuchar cuando tienen alguna pelea (¡Ojo! No caigas en la trampa. Por más apariencias, ella siempre va a ser primero SU amiga.)
La amiga copada es copada y es amiga. Punto.

Conchuda ~
La amiga conchuda también abunda. Es, de por sí, conchuda y es toda una cuestión de piel. No importa si el amigo es feliz, no importa si el amigo dejó la joda, no importa si el amigo ahora se baña. Importa que llegaste vos, la nueva, para cagar una amistad que, rozando el incesto, nunca iba a llegar a ningún lado.
La conchuda tiene sobrenombres cariñosones para tu novio, se le cuelga del cuello y se ríe de las anécdotas compartidas, pero NUNCA te explica ni te cuenta nada. No sea cuestión que puedan llegar a compartir cosas en común. No. Se las va a ingeniar para hacerte sentir de más en las reuniones, en las salidas, en la vida de tu novio.
La amiga conchuda no entiende la felicidad. La amiga conchuda es de esas amigas que están listas para regodearse en la desgracia, pero que no pueden sentir la alegría compartida.
La conchuda es conchuda, repito. Y no es una cuestión personal con vos, no. La conchuda empezará a entenderte cuando ya te conviertas en ex (ver EX) y cuando vuelvas al bolsón de los infelices.
La conchuda es recelosa (ver CELOS) y no soporta que estés ahí, que nadie esté ahí, más que ella.

“Amiga” ~
La “amiga” es copada, es una genia, tiene un laburo genial, es buena mina, vive en un lugar super cool, es re pata con tu novio y es re re re simpatiquísima.
Pero vos no la conocés más que de nombre.
Sabés que Fulanita es una genia, sabés que tu novio se encontró en la semana con Fulanita, sabés que Fulanita muere de ganas de conocerte. Pero hace años que estás de novia y nunca la conociste.
Empezás entonces a atar cabos y, sí, llegás a la triste conclusión de que la “amiga” o fue o es tan “amiga” como vos. O tal vez nunca pasó de ser amiga a ser “amiga”, pero ganas de le falta a nadie.
Te das cuenta, entonces, que la “amiga” siempre va a ser el eje de comparación, el fantasma de tus pesadillas, el posible futuro de tu actual.

Síndrome de Laura Pausini


Corre el año 1993. Es socialmente aceptable pararse en un muelle a cantar, jugar con un perro, y usar esa camisa. Es socialmente aceptable ser Laura Pausini.

"La solitudine" se transforma en un hit, y un par de años más tarde, vaya uno a saber como, la canción entra, literalmente, al curriculum de las escuelas italianas en el exterior. Maestras perezosas de música tienen una semana de la planificación resuelta, de ahí hasta el final de los tiempos.

Mientras tanto, en una de esas escuelas, una pequeña ginecea empieza a desayunarse de que la gente migra. Los tanitos, hijos de empleados consulares, vienen y van cada 4 años sin importar cuánto uno los quiera. A medida que pasan los años el luto de cada partida es mayor. Un sexto grado entero llora en la puerta del colegio y una tana de 11 años comprende oscuramente que a menos que la coronen Miss Universo nunca volverá a sentirse así.
El tiempo pasa, la crisis arrecia, y la gente huye al hemisferio boreal, donde hay plata pero la gente es triste. Todas las familias lo están considerando. Todos temen que sus padres los sienten a comunicarles la decisión, o peor, que el que se vaya sea su mejor amigo. Nadie está a salvo. 
Somos chicos, todavía no hay facebook: emigrar es parecido a morir. 

Crecemos, las comunicaciones se fluidifican. Después de algunos años de calma chicha vuelve el fantasma de la partida. Ahora es una beca, un doctorado, un master, un cuatrimestrecito en el exterior.

Tener el Síndrome de Laura Pausini (SLP) es el terror puro: todos se van a ir, todos te van a dejar. ¿Te van a extrañar? ¿Te van a extrañar tanto como vos a ellos? Cambiar de vida es preferible a tener la misma vida pero un poco peor. Que alguien falte en tu cumpleaños es preferible a ver que alguien festeja el suyo sin vos. 
Todos se van a ir, y una siempre acá, siempre Penélope, siempre la hermana del chico de Into The Wild que quién sabe cómo se llama. 
Todos te van a dejar, y una siempre acá, con su amor triste, obsesivo, asimétrico, anacrónico, en el que se regodea cantando a los gritos como hacía de chiquita. Sólo Laura Pausini la comprende.

Entrega


Sust. abstracto.



1.
Sos Merlina en Los locos Adams 2. En un cementerio, un chico te ofrece su amor y devoción por los siglos de los siglos. Se pintó un bigote con marcador para parecerse a tu papá, para que quede claro que es ese el modelo.
No como tu tío.
No como un pavo nativo-americano que dice "eat me" y baila como un pelotudo.
Es una entrega lúcida y merecida.
(Porque no compramos esta gilada del amor incondicional:
queremos a quien se nos canta, a quien vale la pena.)
Y no va a perder su dignidad, no va a perderse a sí mismo. Al contrario, se hará él justamente en la profesión violenta del amor. Será en la medida en que podrá, potencialmente, destruirse para vos, físicamente, cruelmente.
A las mujeres Adams las calienta el dolor.
Entonces, cuando pongo la trucha para que ella me maquille (ver cachetones), por ejemplo, me entrego toda entera. Abro mi corazoncito borracho a sus deditos borrachos, temblorosos pero seguros.
Sigue agregando colores y está bien, porque no voy a parecer un travesti, me voy a parecer a ella, y eso es un honor.


2.
En el ámbito académico laboral, la entrega es tal día.
Todo será postergado para después de esa fecha. "Me ocupo yo, pero después de tal día." "Sí, juntémonos, pero después de tal día." Nada más importa.
O sí, en realidad hay un montón de cosas que nos importan mucho, pero no podemos hacer nada a respecto antes de tal día.
Y cuando llegue ese día, llegaremos 15 minutos antes para imprimir, y meteremos en un folio 8-12 páginas de sangre sudor y lágrimas, que seguiremos con la mirada mientras podamos, hasta el último instante. No sea cosa.
Volveremos a casa y nos sentiremos un poco vacíos. Recordaremos que había una larga lista de cosas a hacer después de tal día. No nos dará la cabeza para decidir qué hacer primero. Es probable que esté empezando algún programa familiar y poco interesante, y será tan dulce acurrucarse en el sillón y cerrar los ojos. Entregarnos, al son de las risas grabadas, al victorioso sueño posterior a la entrega.
Sueño que, lamentablemente, se verá interrumpido en el segundo en que recordemos amargamente la fecha de la próxima.

Tormenta de amor



¿Qué sutil desbalance se produce en la ginecea y desencadena la tormenta? ¿Será acaso una de esas cosas irreductibles a impulsos electroquímicos del cerebro, a fluctuaciones hormonales, a la falta de sueño o la baja presión?

El asunto es que le llega una avalancha de piedad por su prójimo. Como ganas de llorar aguantadas por demasiado tiempo, como inundación, como catarata, un pocillo de café derramándose en una bandeja en movimiento, una torre de jenga que no deja de caerse, una cartuchera que vuelca su contenido interminablemente adentro de la mochila. La ginecea en cuestión se encuentra de pronto sin caparazón, desequilibrada, amando a todo y a todos, in praesentia et in absentia. De pronto todo el mundo es tan humano y comprensible. Todos huelen tan bien, todos tienen risas tan hermosas. Y no es fácil bancarse la sudestada emocional, que todo duela y haga bien a la vez. De pronto le cuesta decir “te quiero”, decir “yo sé que me querés”.
La ginecea respira hondo porque si no se le humedecen los ojos a cada rato. Es el ser más cursi del planeta Tierra, es toda abrazos y gratitud.

Magma


(Del gr. μάγμα).


Gente que flota, multicolor e informe, por la vida. Contagiando.
Gente a la que hay que esperar un poquito para que empiece a perpetuarse, delicadamente, en una serie de eventos irrepetibles. Momentos únicos y completamente originales.
Gente informal e inofensiva que ve la vida desde su propio lugar. Molestando lo menos posible. Y acompañando todo lo que se pueda.
Gente sonriente y riente. Gente que sabe reír hasta que ya no le entra más sonrisa en la cara. Con los ojos, con la cara, con el cuerpo entero. En momentos especiales de relax, de alegría, de nostalgia. Cuando una bolita de magma se ríe o sonríe, el color explota. Flota más alto. Pierde la forma por completo. Cada bolita de magma tiene su forma y momento para reír. Como todo en su comportamiento, suelen ser momentos irrepetibles.
Gente que gira y se golpea a sí misma y se moldea en un ambiente ajeno del que apropia, con sus armas y sin esfuerzos.
Gente que flota, sin forma definida, definiendo su propio ritmo, su propio espacio y sus propios límites. Se define para desarmarse y recomenzarse, si
n miedo, ni excusas, ni palabras. Se desarma. Se rearma. Se remagma.




TEG

acrónimo masc.

1. ~ del amor

Forma de paranoia producto de la sobredimensionalización de las interferencias en el canal (función fática del lenguaje) dentro de las relaciones interpersonales, en especial las amorosas*.
Podría ser calificada como psicopatología y parecería deberle su nombre a Caro Chinaski. Suele darse de manera crónica en la mayoría de los individuos mayores de veinte años y empeorar a partir de los veinticinco. Se ha detectado también un pequeño porcentaje de menores que la desarrollan tempranamente.
Las investigaciones apuntan a que las mujeres se hacen cargo más habitualmente de sufrir este mal (por que sí, puede calificárselo de patología maligna para la salud mental en la mayoría de los casos conocidos), posiblemente debido a que son más propensas a las reflexiones profundas (muchas veces, profundas al pedo). En los hombres se registra un número menor de casos, posiblemente debido a un estilo de vida / pose del tipo “todo me chupa un huevo”.
Aparentemente, dicho mal consiste en una excesiva lectura del subtexto (véase subtexto) de todo lo dicho o escrito por una de las partes de la pareja, lo que generalmente lleva a malos entendidos y caras largas. Muchas veces también se sobreanalizan gestos, entonación y selección léxica.
Suele tratarse a través de la terapia grupal y la consulta popular. Por lo general, cuando el individuo comienza a desarrollar una terrible angustia, pone a debate la lectura hecha y solicita una second opinion sobre la tarea crítica realizada. Este tratamiento surte mejor efecto cuando la opinión popular difiere de la lectura realizada y se insta al individuo a utilizar otros ejes de análisis.
Las recaídas suelen ser inevitables.

*"Ese ok no sonó bien", "no me mandaste besos en tu último mail, ¿te pasa algo?", "hace 76 horas y 32 minutos que no me mandas un mensaje de texto, ya te olvidaste de mí".